martes

Por primera vez.

No es como imaginaria una crisis de locura. Es confuso en superficie, una realidad empañada por corrientes en contraste. Pugna entre sentimientos que, envalentonados por mi voluntad siempre enferma de decisión, tratan de perdurar sin lograrlo. A poca distancia ya puede verse caos, pero mi desespero sigue su bombon, sonriendo infantil.

Hay certezas que no vacilan y por eso no me ocupo con temores de este trance. No estoy afirmando que sea un tiempo cualquiera, pero no es, según creo, "el fondo de una crisis sin antecedentes".

No tengo miedo ni pudor a enfrentar mis "suposiciones" con los criterios de otro que se acerque a mi desorden interior sin esquemas ni recetas sazonadas de prejuicios. No puede ser -y si lo fuera tampoco seria gran sorpresa- un caso excepcional que una mujer de 21 años, experimente malestar por encontrar que, a pesar de su buena voluntad, la vida en común le deja carencias a los que tiene que enfrentarse sola, sopena de poner en peligro una frágil vida emocional.

No es cosa que se explique distribuyendo culpas. No es algo que obligue a señalar negligencias. Es el temor de perder algo que ya visualizas como tuyo. Estar enamorada no es una certeza; pero padezco una necesidad desmedida de su imagen que me colma de realidad, una realidad que se apoya apenas, pero que no se fuerza a caer.

¿Por qué parece tan probable a ratos la dicha en la monogamia? ¿Por qué nunca es del todo satisfactorio ese mundito de relaciones provisionales que nos lanzan a menudo a sentimientos tan contradictorios? Aunque algún temor me aleja de esos tiempos en los que pasaba cerca de muchos secretos y hacia banquetes con las migas de esos cariños afanados, no me olvido de sus encantos y de las amarguras solitarias a las que llevan.

Pocas veces sentimos una verdadera lealtad por las personas con las que permanecemos. (No se que clase de idea me hace decir todo en plural). Aunque para mi caso, me dispongo a creer en la "seguridad" de su permanencia, también hago cuentas de la equivalencia de cada una de las contribuciones que nos hacemos. Quiero decir que, por primera vez, es la lealtad y la admiración los sentimientos que predominan, y ya no el calculo mezquino. Por primera vez las discretas cositas pequeñas hacen momentos tan gratos como sea posible soñar. Por primera vez predomina la sensación de temor de una perdida. y eso me tranquiliza.

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