martes

Sorpresas

Quienes subestiman la inteligencia o los talentos de otros, y no se preparan a posibles sorpresas, padecen de algo que no los dejara dormir sobre sus logros. No estoy pensando en la prudencia de los adversarios, que miden la capacidad ofensiva de sus recursos, no es cosa de equivalencias; mil veces nos muestra la experiencia la cantidad de secretas potencias que coexisten con nuestros peores vicios. La persona es un universo que se contrae y se expande y en esos movimientos se emplea tanta energía como cualquier otro universo. Esa energía nace de nuestra unidad orgánica interna, que no renuncia a ser una, aunque tantas veces aparezca amputada de sus miembros.

Ancha realidad

Tengo lastimaduras que aunque viejas, jamas sanaron. Ahora, por un movimiento que parece de expansión y profundidad en espacios de la conciencia, aquellas sensibilidades han vuelto ha estados delicados de salud. Aunque se esconden exitosamente, a ratos, en el carácter asiduo de quien escribe.

Permanezco en la duda más de lo que mi mente puede y un corazón pequeño es capaz de soportar. De niña tenia la muy vivida impresión de que había venido mal parada a la vida por que muy frecuentemente tropezaba mi animo con actos y palabras de quienes esperé la bendición de la vida nueva mía.

Pensaba que había una ancha realidad que por fuera de la experiencia familiar me provocaria otra impresión. Imaginaba que la extensa realidad vista más allá de las miserias domésticas me salvaría tarde o temprano. Esas dudas nunca han cedido ante pequeñas certezas, y de las grandes no he tenido.

¿Que tan leales resultan ser los amores?, ¿A qué compromisos nos llevan?, ¿Por qué nos parecen tan necesarios para sobrellevar esta irreductible soledad?

Con esas dudas desde siempre, por mi experiencia segura, se mirarlo con ojos de más, como si tuviera un tercero allí arriba, unos centímetros arriba y entre uno y otro!

Por primera vez.

No es como imaginaria una crisis de locura. Es confuso en superficie, una realidad empañada por corrientes en contraste. Pugna entre sentimientos que, envalentonados por mi voluntad siempre enferma de decisión, tratan de perdurar sin lograrlo. A poca distancia ya puede verse caos, pero mi desespero sigue su bombon, sonriendo infantil.

Hay certezas que no vacilan y por eso no me ocupo con temores de este trance. No estoy afirmando que sea un tiempo cualquiera, pero no es, según creo, "el fondo de una crisis sin antecedentes".

No tengo miedo ni pudor a enfrentar mis "suposiciones" con los criterios de otro que se acerque a mi desorden interior sin esquemas ni recetas sazonadas de prejuicios. No puede ser -y si lo fuera tampoco seria gran sorpresa- un caso excepcional que una mujer de 21 años, experimente malestar por encontrar que, a pesar de su buena voluntad, la vida en común le deja carencias a los que tiene que enfrentarse sola, sopena de poner en peligro una frágil vida emocional.

No es cosa que se explique distribuyendo culpas. No es algo que obligue a señalar negligencias. Es el temor de perder algo que ya visualizas como tuyo. Estar enamorada no es una certeza; pero padezco una necesidad desmedida de su imagen que me colma de realidad, una realidad que se apoya apenas, pero que no se fuerza a caer.

¿Por qué parece tan probable a ratos la dicha en la monogamia? ¿Por qué nunca es del todo satisfactorio ese mundito de relaciones provisionales que nos lanzan a menudo a sentimientos tan contradictorios? Aunque algún temor me aleja de esos tiempos en los que pasaba cerca de muchos secretos y hacia banquetes con las migas de esos cariños afanados, no me olvido de sus encantos y de las amarguras solitarias a las que llevan.

Pocas veces sentimos una verdadera lealtad por las personas con las que permanecemos. (No se que clase de idea me hace decir todo en plural). Aunque para mi caso, me dispongo a creer en la "seguridad" de su permanencia, también hago cuentas de la equivalencia de cada una de las contribuciones que nos hacemos. Quiero decir que, por primera vez, es la lealtad y la admiración los sentimientos que predominan, y ya no el calculo mezquino. Por primera vez las discretas cositas pequeñas hacen momentos tan gratos como sea posible soñar. Por primera vez predomina la sensación de temor de una perdida. y eso me tranquiliza.

Decisión

Lo más rescatable de él es su intento por fijar limites a una razón demasiado vanidosa y señalar el enigma que es el hombre en medio de un enigma mayor. Como si todo lo supiera...

Me separo definitivamente de la vida que durante casi tres años hice con él. Puedo decir con sorpresa que, creyendo lo contrario, estoy en un animo que no es de fracaso. Acepto de muy buena gana esta decisión y me haré a la idea de que es definitiva. No estábamos en camino, vivíamos en tropiezos continuos, compitiendo a cual más eludía el obstáculo que el otro ponía. No quiero volver a él, aunque algún día me parezca de otra cara esta decisión. ¡¡¡leerla cincuenta veces al día, y decir amen!!!

Separarme de él ha sido bueno para mi. Recupero la dimensión de mi vida, siempre puesta en el "mientras tanto". He aplazado tanto mis horas propias que si no salgo ahora mismo a defenderlas estaré perdida. Pero lo extraño mucho. No obstante, tengo la certeza, o el desajuste preciso de creer que no estoy pasando por ninguna dificultad de orden emocional. Lo que acepto, de muy buena forma, es que quizá mi insegura noción de ser una persona que no inspire afecto, me ha llevado a perder en grado máximo mi voluntad y caer sin mayores dificultades en brazos de alquiler.

"La pregunta por el hombre"

"Ningún ser vivo es un robot.Todos ellos muestran un impulso vital inédito, original, insospechado, jamas determinado.

Es preciso reafirmar la convicción de que el hombre proviene de especies zoológicas que hunden sus raíces en una prehistoria remotisima. Descendiente de los homínidos. no proviene de ninguna "caída", es el resultado de un continuo "ascenso". Un hombre que ha venido haciéndose.

Una moral sin trasfondo sobrenatural resulta más valida que una ética fundada en mitos y supersticiones. El hombre no ha sido expulsado de ningún "Edén".

Se diría que la naturaleza le ha señalado al hombre unas metas y finalidades que han hecho posible ese proceso de homonización, en una trayectoria de 13 millones de años.

La esencia del hombre consiste en ser un ser histórico.El hombre actúa con base en sus instintos, sus pasiones, su inconsciente más recóndito. Actúa por erotismo o celos, o por actos fallidos. La sexualidad lo mueve más frecuentemente que la inteligencia. La razón es un resultado muy tardío de la evolución; no es ella la que ha caracterizado y guiado al hombre. La razón del animal es el origen de la razón humana."

Andrés Holguín. La pregunta por el hombre.

Poco importa.

Poco importa ahora [la diferencia], toda diferencia. Tan único parece cada ser o cosa que estar fuera de norma es salud, es buena forma. Hago reverencia de mis "perversiones", siempre en silencio porque no son conseguidas por esfuerzo. Estoy excluida de las bienaventuranzas, y quizás lo lamente, pero es que además parecen simplezas que no gustan después de una vida difícil como esta.

La rara fortuna

Si la corriente no juega al destino, ni lleva un plan de rutas, se deslizaría en rápido silencio si no se viera en tropiezos con un brusco cause. Ya me fastidia más el ruido de mi parloteo, siempre recitando salidas posibles, entrampado en mi voz de ecos. Si fuera más sencillo no rodar cantos, ni cantar en redondos [me callaría], tal vez sería menor esta sensación de huida.

Promete más placidez la ambición de encontrarse sin remedos de impulso en un pozo, que recorrer arrastras cuajada de tensiones y olvidos, tropezando con todo en una mala aventura, larga...

La rara fortuna, vestida ahora de desilusión, me entregó un regalo que sigue sin usar: en un cofre esta el mechón oscuro de alguien al que la felicidad tomo del pelo. Era seguramente de un anónimo como yo, un tonto muy untado de su buena "suerte", que es como un vehículo loco sin espejos. Eso soy yo.

lunes

De vanidades y terrores!

Creía posible vivir de manos sueltas, sin sobornar el agua quieta del equilibro aferrándose a provisión de afecto, a seguridades prepagadas, a saberes o mañas. Entonces era una fe en ella que si no le absolvía de penas, tampoco le ordenaba la humilde condición de apéndice. Ahora atraviesa un mojado entre la gusanera, y aunque quiere entrar de pie a una posible soberanía, se acostumbro a tirarse al piso para no caer muy pesado. Así que, ¡claro!, no cree que el presente tenga más posesiones que cuidar. Ni siquiera tiene más deseos o necesidades. ¿Serán los temores una especie de tesoro? Si es así, lo confieso: tengo miedo a la amargura o al resentimiento, hierbajos que crecen al descuido. Tengo pavor a la demencia que provoca el desentender la malaventura.

Y te da solo lo que te mereces.

Yo no estaba segura, solo quería acabar para siempre ese drama morboso de quejas y suspiros que no me sana, y que además desarrolla suspicacias que por agudas y sutiles las creo y me las clavo sin ayuda de nadie. Tal vez por ello le invité a aquella cita, lo hice sin que pudiera preparar el monologo a cuadros y rombos, sin nomenclaturas ni puentes que solía usar con mi ingenuidad. Con algo saldrá- me dije, pero no coincidirán las diagonales con sus esquinas. Nacido de un embrión común había hecho monstruosidades con sus manos sin huesos y su pensamiento que creía demostrar un futuro. No es que le critique, ¡que cosa más regular sería! No. Solo quisiera desarmar esa mirada que inventa e ilumina lo inventado con una sola luz. Ya no me enfermo de risa como antes, aunque ¡claro! se lo muy probable que es lo imposible cuando te dan caprichos.

Recordaba también como despotricaba de esta realidad, sospechosa pero llena de confianza. Hay que tener los ojos bien abiertos y permanecer bien despiertos- me indicaba- para entender hacia donde van las metas de la cada vez menos nueva administración actual. No era paradójico, al menos no para mí. Era ese clima acondicionado que deshace temores, que previene errores permanentes, que distribuye la responsabilidad de la operación y que mantiene un trato con todos los que directamente damos el servicio por estimulante y no amenazador. Una supuesta filosofía que decía llegar para enderezar unos resultados pasados que para todos creaban insatisfacción (bah!).

Esta era pues la columna argumental de una historia de odio y amor particular, el destino que cada quien encuentra y que te da solo lo que te mereces. No hay ningún error en las circunstancias, no hay casualidad, en fin, no hay otro camino que el que nos ha tocado. En esta historia hay un presente confuso, un presente que no se entiende. Es una sensación difícil que no me permite ordenar el pensamiento según mis propias certezas, que me regala dichas y me roba energías. Y es que, por muy rara que sea la condición en que experimento la compañía, por muy poco común que resulte el plano de una relación conmigo y con mi “paranoia”, no hay nada más claro que no se tienen certezas que… ¿ayuden a vivir? ¿No habría que crear con el afecto un plano estable para ascender en conocimiento, en todos los desafíos que al hombre se le presentan? O, en otro sentido, ¿Será el encuentro entre hombres uno de aquellos desafíos con los que jamás se tienen certezas, y de los que se desprenden quienes en otros terrenos pueden conquistar metas? ¿Habrá que renunciar, como he decidió hacerlo, a encontrar paz en la compañía? Vi a muchos renunciar a esta quimera para prosperar en sus sueños ¿sueños egoístas, de espejo tal vez?

Con la edad...

¿Quién estimaría nuestras obsesiones más allá de sus intereses?-pensé. ¿Quién se sometería a imaginar nuestras malas fantasías y a padecer sus terrores? No, en eso estamos solos. “Cuando no sufras ven a mi”. Recordaba estas palabras con tristeza mientras respiraba profundamente, casi tratando de sostener el aire para no dejar caer una lágrima, de aquellas que siempre me habían avergonzado. “Cada cual en su jungla, con sus propios enemigos”. Es cierto, nos reímos de los terrores ajenos, de la debilidad de otros. Esa voz que nos dice miedos en prosa intensa solo la escuchamos cada uno. Es una alucinación propia.

Quien ha fortalecido a su conciencia se ha hecho un gran bien: tiene dentro de sí un enemigo íntimo y eficaz. ¿Quien es el otro? Un mundo con sus propias leyes gravitacionales, su atmosfera y su luz.

Yo seguía mi camino esperando que recordara que días atrás la oportunidad había estado allí, atenta a una respuesta, expuesta dócilmente ante sus manos. Es una desazón demasiado molesta. Un ahogo en el entendimiento, un encogimiento en la voluntad, es mucha debilidad sentida en tan poco lugar y tan intensa. ¡Es mi ansiedad mi peor flaqueza! Me abre una tronera de carne lastimada; mi torpor, mi nada compactada en nada esparcida. Una falta de planeta no seria tan vacía. ¿Por qué se me dejo crecer tan vulnerable? ¿Por qué los pasados difíciles me dejaron seguir sin adulteces?

Yo entendía que mi melancolía no siempre me daba buenos concejos, pero no me había dicho que soy quién más sufre. Ni siquiera podía aceptar que sufro. Creo que soy muy dócil a mis terrores, que me entrego como descocida a las tensiones y estrecheces que vive quién vive. Soy yo quien proveo de oscuridad mi ceguera, soy quien más se da dolores en todas las tallas, quizá vistiendo una sola sensibilidad que por extravagante no es sana, y que por eso se esconde en un exceso de carácter.

Y entonces, me preguntaba nuevamente, ¿Cuál será el equilibrio que alcanzamos con la edad? Si las emociones más ligeras las tenemos que compartir para prestarles la realidad que en el interior de nosotros no tienen. Y es que tenemos tanto recurso ficticio para hacernos emociones del mismo material de nuestros miedos que finalmente no sabemos que somos más allá dentro. Tanto hemos bregado por atarnos a seguridades, que al final no podemos respirar sin ansiedad cuando no podemos hacernos una. Con la edad, me han dicho cada vez que luzco confundida, no llegan más que los trucos de la experiencia y aquella manía de encontrar apoyos y realidades “reveladoras” pero supuestas de cada situación desconocida. ¡Que ilusa o que ironía!

Discurso del método. René Descartes

"De todas las cosas del mundo, la sensatez es la que se halla distribuida más equitativamente, porque cualquiera cree que la tiene en abundancia y aun aquellos que resultan más difíciles de complacer en cualquier cosa, comúnmente no desean más de la que ya tienen".

Por qué? otra vez?

"Ellos" habían insistido en que mi manera particular de expresar con palabras lo opuesto a las construcciones lógicas de mi pensamiento era una muestra de cobardía, más que de irreverencia o simple hipocresía. La falta de coherencia entre la forma y el contenido me hace pensar que, en mi caso, no se trataba de ninguna de las anteriores premisas, que incluso la conclusión implícita era de una falsedad manifiesta que no solo negaba tales proposiciones, me permitían argüir en contra señalando que: no es ni hipocresía, ni osadía; no era temor ni insensatez. Era -y sigue siendo- el deseo de ser leída sin la previa evaluación por causalidad de los argumentos, es darle permiso al pensamiento en su disputa con los raciocinios, es permitirle hablar de cosas y cosas, de cosas de cosas, de mis cosas... bajo el secreto oculto de las miradas que ya se han forjado una imagen...