miércoles

De credos.

Cuando la tradicional manera de manifestar nuestros credos los convertimos en compromiso social, es muy difícil no caer en la tentación de ritulizar al máximo cada una de nuestras expresiones. Si pudiéramos vivir hoy nuestra intimidad religiosa o nuestra opinión política más allá de las corrientes y modas que se nos imponen, podríamos ver con mayor claridad a qué le apostamos o qué es aquella imagen de todo en la que nos vemos reflejados. Hay mas que vulgaridad en, por ejemplo, los actos religiosos de los cristianos. Ante una comunidad de noveleros, el cristiano ritualiza sus sacramentos en un ambiente de forzada fiesta.

martes

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Un punto es un lugar en el que podrían encontrarse las lineas que lo deseen. Un punto negro es también un gallinazo huyendo al horizonte y un lunar al borde de una sonrisa. Nada puede confundirse con un punto, aunque mucho se parezcan todas las cosas que pongan distancia de un buen ojo.

Un silencio es una frase que comienza con mayuscula en el mismo punto. El punto hace maravillas.

Nada es gustoso para siempre.

Llegará el día en que confiese cada uno de mis propósitos y comulgue de tu a tu con mis ideales.
Primero fue la impresión
Luego... la avaricia de la idea
Por ultimo... parece ser la frustración de lo acabado.
Me parece a ratos que hay tantas cosas ricas para hacer que el tiempo resulta ser una secuencia de imposibles.

lunes

El mundo de los negocios.

El mundo de los negocios no esta hecho para ratones que sólo roban queso. Los negocios necesitan cualquier queso rancio y oloroso que llame a gritos el hambre del ratón. En ratón siempre cae.

Una visita a cualquier oficina de contratos te pone en la ritualidad de unas grandes quijadas que trituran. Su mecanismo es lógico, legal y muy eficiente. Si tienes una necesidad grande, eres una presa fácil. Nada puedes tener sin que tu tener te tenga. Un ratón nunca tendrá si quesera si no acepta ser engullido por su "benefactora" ratonera.

El zócalo de la infancia.

Soy Laura y apenas caigo en que no lo había dicho. Tantas cosas se creen ya dichas… y es por eso que se entiende tan poco de lo que pensamos, por que no decimos claro lo que más importa. Los rencores, por ejemplo, son al comienzo un pequeño malentendido que no vale la pena, pero como nos guardamos el sentimiento que nos produce, se nos come las entrañas y acabamos con un dolor interior enorme por el que culpamos a otros y hasta al mundo entero. Si no nos volvemos locos es por de buenas. ¿A quién que esté sano se le ocurre fundar basurero en el corazón? Hacemos tanto daño en nosotros que tenemos que hacernos los tontos para no enfermarnos. Todo por seguir preceptos ajenos, modas, morales y catecismos que nos tuercen y retuercen. ¿Cómo empezar a estas al-turas? Si nos oyéramos más el corazón y los intestinos viviríamos mejor.

Soy yo. Y no es tan difícil como fingen las éticas. Cuando no puedo ser me va bien estando. Soy yo otra vez, con toda confianza, logrando que puedo oírme sin demasiadas interrupciones. Aflojo la mano sin pensar demasiado como cuanto mastico algún sabroso alimento que me refresca. Soy yo, hija de mamá por apetito de papá y a consecuencia de no pensarlo mucho ninguno. Ella hubo tramado bien todo, como buena estratega que es. Nada se le pudre en el deseo. El aire se le hace más transparente que a los demás mortales. Papá tiró responsabilidad, pero en esto no es muy bueno. Tan poco, que todavía aun no sabe que mares a-travesó sin mojar la conciencia. Y yo soy. Soy apenas el resultado. Con una imaginación que muerde a su amo. No se como he cumplido los diez y ocho y el espejo me da la cara sin vergüenza. No se que clase de suerte me ha tocado, pero me gusta. Me va mejor que si fuera más astuta, más esforzada, más soñadora. Me va como a mascota de Dios. No recuerdo haber llorado por una buena razón. He llorado por querer llorar, hasta que me ha cansado. No he sufrido entonces. Lo recordaría, supongo. Risa y admiración si he conocido en este mundo. Me he reído hasta de lo que no se debe, según se ha dicho. Lo malo es tener que vivir con otros, extraños, y hasta malignos. Estar obligada por la necesidad a obedecerlos.

Soy una niña con una infancia tramada por mi imaginación, aquella que retorcía al mundo adulto hasta hacerlo caber en el absurdo. Jugaba sobre las camas con mis juguetes. Siempre había un problema que resolver con urgencia. Tenia que ser yo misma un protagonista capaz de todo. Desafiaba todos los peligros por casi una minucia. “En el zócalo de la infancia…. Buaghhh”

Ante los mayores fui una bobita mansa. Me lucía con frases desacostumbradas en una niña, pero en la acción era, y todavía soy, una torpe rematada con muy buena suerte.

viernes

Muecas..

No entiendo los actos como formalidades vacías. Si no convence su gesto, si su significado es dudoso el ridículo aparece con su oportuna mueca. Es ridículo un gesto acartonado entre personas que no se tratan más que para cruzar ordenes. No se puede fingir siempre.

A los gestos sin sentido los llamamos muecas, muecas las sonrisas de diente, mueca la mano que aprieta como llave automática… la mueca es ridícula y solo la risa le devuelve el significado. Por mi parte, he considerado más inteligente huir del bochornoso acto de mentira y refugiarme en algún lugar al que el patetismo no llegue. Alguna vez, o muchas, he tenido que callarme y fingir, pero repartir un gesto vacio entre tantos es querer llegar a un tope. Algunas veces he fingido por prudencia y he mentido por miedo, pero repartir esa pose entre tantos es abusar del teatro.

Quizá no entendemos, y habrá que entender, que la educación obliga a cosas absurdas.

Feliz año!

Este año termina despacioso y solitario cuando ya no le quedan más que los días del ruido. Más allá de mi comedia particular y cansada de hacerme la que no sabe, es bien poco lo que de la talla de país habría que celebrar en navidad: entre la rapiña política y el desgreño económico, la paciencia absurda de los marginados, que son más que los otros, habría que reconocerla como extraña condición. También, la mentirita ha criado plaga y cada quien tiene la suficiente para ejercer el aplazamiento y el embolate. La historia pasa por aquí haciendo comentarios de corrillo, chismes calumniosos a una realidad oscurecida.

Por mi parte, estoy en la posición en la que no encuentro nada parecido a la ansiedad de ser o parecer ser profesional. Asumo ese barandal para mis manos indisciplinadas, pero también, y sobre cualquier otra facilidad, debo aprender a salir de formación, es decir, a renunciar a la provisional seguridad de ser estudiante.

Por su parte, el esta dispuesto a reírse de todo y aun cuando lo ridículo a penas se asome. Mas aun, si nada risible se asoma, en ese caso le divierte la sutileza de lo que cree adivinar. Ya me esta cansando su exceso indiscriminado de seguridad, ya empiezan a aparecer las primeras grietas, los pequeños trazos de imperfección que demuestran nuevamente esa ingenua capacidad que tengo para idealizar a las personas. Es una buena noticia, al menos este año empieza con claridad emocional.

La ignorancia es astuta

La astuta ignorancia juega sola “escondidijos”. Ella se busca y ella se esconde. Si no se halla, acierta: es astuta, está bien escondida. Si se encuentra, acierta: es astuta, sabe dónde suele esconderse. Arropada de si misma se agrede y disculpa. Sabe que alegaría no saber. Conoce por repetición la mecánica de la contracción.